Lenguaje que Ofende

Jamie Fisher
Jamie Fisher

Por Jamie Fisher

Trata de pensar en alguna vez que conociste a alguien quien hablaba un idioma diferente que el tuyo. ¿Cuál fue la primera cosa que querías saber cómo decir? A lo mejor, preguntaste a dicha persona como maldecir en su lenguaje.
Especialmente, para los que están tratando de aprender un idioma nuevo es casi un prerrequisito saber manejar vocablos vulgares. No sólo porque ese vocabulario nuevo abre las puertas a un mundo inmenso de expresión, sino porque también le da al hablante novicio un sentido de poder, sabiendo que es capaz de cruzar fronteras lingüísticas para escandalizar, insultar y emocionar.

Mi amiga, Samantha, y yo decidimos iniciar una investigación sobre este terreno prohibido para nuestro trabajo final de lingüística en la Universidad Estatal de Chico. Después de un mes riguroso de búsqueda de datos en bares, restaurantes y las casas de amigos, nos quedamos con diez entrevistas a personas de México, Colombia y Guatemala. El resultado final fue un análisis sobre la diferencia del léxico español entre los tres países, centrado en las prohibiciones socioculturales que provocan temas vulgares. Nos centramos específicamente en los temas controversiales como el sexo, la religión y la clase social.
Conocí a la primera participante al azar en una degustación de tequila y se ofreció a ser entrevistada. Originalmente de Jalisco, México, Ángeles es una maestra de español en un colegio de la comunidad. Nos reunimos con Ángeles en un restaurante mexicano y estaba muy emocionada para participar en nuestro estudio porque ella había dado una clase para los policías sobre jerga y profanidades españolas. Nos comentó que la primera cosa que enseñaba a los vigilantes era la frase más fuerte y más ofensiva que una persona puede decir a otra: “¡c – – – – a tu madre!”
Aunque la palabra “madre” puede evocar sentimientos positivos, ha evolucionado hasta convertirse en un insulto, puesto que se refiere a la violación de una mujer. Después de una lección sobre lo ofensivo que puede ser “la madre,” cambiamos de tema. Pasamos a hablar sobre otro caso de corrupción de una palabra estándar – el verbo “coger.”
Originalmente, ese verbo significa “asir” o “agarrar,” pero la connotación de dicho verbo en México es sexual por la razón de que se usa para referir a la acción de “penetración sexual.” Nuestras carcajadas sobre la diferencia de significado entre la frase “ser bien cogido” de España (donde quiere decir que un matador está colgado en los cuernos de un toro) y México, atrajo la atención de un señor que estaba almorzando con su familia. Nos echó fuego por los ojos desde el otro lado del restaurante, pero Ángeles sólo hizo una broma acerca de lo que estaba haciendo era educativo y continuó con la lección.
La segunda entrevista fue con Verónica, una maestra de español de Colombia. Después de una breve introducción por teléfono, Samantha y yo manejamos a una casa en las colinas de Paradise donde vive la colombiana. Entramos a una comunidad cerrada y nos impresionaron las casas enormes a las que no les faltaba mucho para ser mansiones. Pocos minutos después, encontramos el palacio, tocamos la puerta y nos recibió una mujer de edad avanzada. Nos llevó a la sala y nos dijo que pronto regresaría.
Samantha y yo nos miramos con la misma cara de preocupación: ¿estamos realmente a punto de pedir a esta dulce abuelita que nos insulte con las palabras más feas que conozca? Pero nuestros temores desaparecieron cuando regresó la señora y nos dimos cuenta de que ella no era Verónica, ¡sino su madre! Verónica comenzó la entrevista con una descripción de la grosería más utilizada en su tierra natal: “mierda.”
Nos explicó que a través del tiempo, dicha palabra se ha pasado de ser una maldición para convertirse en un vocablo coloquial. Por ejemplo, se puede usar el término para expresar que alguien se fue muy lejos (“ese tipo se fue para la mierda”), trabajó muy duro (“ese tipo se sacó la mierda”), o para insultar la inteligencia de otra persona (“ese tipo no sabe ni mierda”).
Otro tema que sirvió como fuente de malas palabras fue la clase social. Tanto en Colombia como en los otros países latinoamericanos, la clase social es muy importante y asimismo es un punto de sensibilidad para la gente. Insultar la posición social de una persona puede ser algo muy ofensivo. En Colombia, por ejemplo, decir que alguien es “malparido” es horrible porque se refiere al hecho de que no nació de clase “bien” o sea, la clase alta.
Además, en los tres países del estudio la mayoría de los insultos de clase social hacen alusión a la inteligencia de dicha persona. Por ejemplo palabras como “huebón,” “pendejo” e “idiota” aluden a sentimientos de estupidez y asimismo de pobreza. No obstante, en países donde existe una población grande de gente indígena, un insulto muy fuerte es decir que alguien es un “indio” porque dicha gente suele estar relacionada con los niveles sociales bajos.
La tercera entrevista fue con Mayra, una guatemalteca que trabajaba en una guardería. Decidimos encontrarnos en un restaurante en el centro de Chico y al principio, Mayra se mostraba un poco tímida, a lo mejor porque los trabajadores del restaurante hablaban español. Además, solo leía un libro que trajo que estaba lleno de palabras y frases vulgares guatemaltecos.
Por el bien de nuestra proyecto en peligro, Samantha y yo tuvimos que encontrar una manera para hacer que Mayra nos dijera insultos. Entonces, se nos ocurrió ponerla en situaciones hipotéticas que obligasen una respuesta grosera. La mayoría de sus respuestas contenían la frase más popular de Guatemala, “hijo de la gran puta.”
Conviene notar que, como el significado de la palabra “mierda” en Colombia, esta frase ha perdido su contenido irrespetuosa. Sin embargo, en otras situaciones, como la de “que harías si encontraras a tu esposo con otra mujer,” provocó la respuesta, “¡vete al diablo, desgraciado!”
En Guatemala, como en los otros países latinoamericanos, la mayoría de la gente es católica y entonces, el uso de términos religiosos es muy ofensivo. Decir que alguien es un “desgraciado,” es referirse al hecho de que no tiene la gracia de Dios, y se usa para expresar coraje hacia dicha persona. También, la frase “vete al diablo” tiene varias connotaciones agresivas y expresa ira.
Los párrafos anteriores sólo muestran un poquito de lo que habíamos encontrado en nuestra estudio. Falta tanto por decir con respecto a las groserías y su papel en la sociedad, que hasta Samantha y yo hemos decidido que no estamos satisfechas con sólo un ensayito sobre las malas palabras. Al fin y al cabo, después de tantas horas vertiendo a través de los datos, revisando y analizando las grabaciones se nos cautivó la idea de seguir investigando las groserías e incluso de escribir nuestro propio libro.
Ahorita Samantha está en Santiago, Chile estudiando en la Universidad y persiguiendo la investigación etnolingüística sobre las vulgaridades. Esperamos poder viajar a todos los países hispanohablantes y asimismo, explorar el fenómeno del tabú lingüístico.
Jamie Fisher estudia en la Universidad Estatal de Chico, con especialidad en Estudios Latinoamericanos y español.

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